El yoga NO es estirarse en una lengua extraña, ¿o sí?

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Un alumno me comentó el otro día que él venía a clase porque le gustaba practicar asana (las posturas de yoga), pero que en realidad lo hacía para conseguir otras cosas. Es un chico muy constante, viene con regularidad y siempre está centrado, aunque para él las clases no sean tan importantes. La verdad es que me dio bastante que pensar. En mis reflexiones me acordé de una frase que me dijo un maestro hace años: “El yoga no es estirarse en Sánskrito” (la lengua antigua en la que se escribieron todos los textos del yoga, se usa en los rituales y es también la madre de todas las lenguas indo-europeas, según algunos entendidos).

Bueno, pero entonces ¿si el yoga no son los ejercicios para el cuerpo, qué es? y ¿qué hacemos en una clase?

Mi alumno tenía razón al decir que las clases de yoga le servían para otras cosas porque ante todo, el yoga es un camino de amor radical hacia la existencia y en este contexto debemos situar la práctica de los ejercicios físicos. Como yogi, sé plenamente consciente de que tus asanas son una pequeña parte del camino de auto-descubrimiento pues te ayudan a revelar lo divino en ti, en cada célula del cuerpo y del no-cuerpo. Por otro lado, no hay que desestimar las clases de yoga asana o pensar que carecen de transcendencia. Cada una es un acto consciente y una manifestación de tu unión con la Totalidad.

Las clases de yoga tienen más valor espiritual de lo se piensa.  Para empezar, una clase es un ritual en sí mismo y una ofrenda a lo Divino. Todas tienen su estructura, su simbología y sus ritmos. Si no, ¿por qué crees que siempre cantamos “OM”, que respiramos con la intención de abrirnos a algo más grande, que hacemos ciertos gestos con las manos o que siempre terminamos con una contemplación?

Una clase es un reconocimiento de que primordialmente eres un Ser espiritual. Haces el esfuerzo de reconocerte como ser de Luz y energía. Te ves como algo más que carne y huesos y, sin embargo, esa carne y esos huesos también son puro espíritu materializado. Los yogis lo llaman “sharira”,  receptáculo de Luz divina.

Una clase es una forma de meditación. El occidental de hoy en día vive rodeado de ruido, de materiales inertes y apenas tocando la Tierra con los pies o dedicando tiempo a contemplar el cielo. Cuando vas a una clase creas un espacio maravilloso donde “ser” aquí y ahora. Las exigencias y expectativas sociales te dejan tranquilo un rato y conectas con tu alma libre y siempre llena de paz.

Estirarse en Sánskrito no será la totalidad del yoga, pero ¡qué bien sienta!!!

que todos los seres sean libres y felices, que mis pensamientos, palabras y acciones contribuyan a su felicidad

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Acerca de Zaira Leal

Profesora de Yoga y espiritualidad, mi misión es que aprendáis a ser felices. Yoga como Celebración Infinita de la existencia.
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